Museo Kaluz

¡México, México, México! Abel Quezada. Entre arte y deporte

En el marco del Mundial de Fútbol 2026, Museo Kaluz presenta ¡México-México-México! Abel Quezada entre arte y deporte — una exposición que explora la fascinación del gran caricaturista, cronista y pintor mexicano por el mundo del juego: desde sus cartones más incisivos hasta una producción pictórica autodidacta, libre y llena de humor.

5 de julio – 31 de agosto de 2026
Sala Polivalente, Planta Baja

La exposición

Abel Quezada Alarcón (Monterrey, 1920 – Cuernavaca, 1991) fue una de las figuras más singulares de la cultura mexicana del siglo XX: dibujante, pintor autodidacta, periodista, cronista de viaje y observador implacable de la realidad nacional. A lo largo de su trayectoria, el humor, la crítica social y la mirada sobre lo cotidiano se convirtieron en sus herramientas más poderosas.

Organizada en tres núcleos, esta muestra revela una faceta poco explorada de su obra: su profunda afición por el deporte. Cartones, pinturas y material de archivo inédito dan cuenta de cómo el béisbol de su infancia en Comales, la lucha libre que producía, el Mundial de Suiza que cubrió como reportero en 1954 y los ídolos que retrató en óleo —Fernando Valenzuela, Kid González— alimentaron un imaginario visual tan libre de academicismos como lleno de lirismo y espontaneidad.

Tomando prestado el título de uno de sus célebres cartones, la exposición evoca las grandes pasiones de Quezada: su país, el deporte y el humor como forma de ver —y cuestionar— el mundo.

Núcleos temáticos

Los múltiples rostros de Abel Quezada

Autor no identificado, sin título. s/f. Colección Familia Quezada Rueda

Quezada fue una de las figuras más versátiles de su tiempo. Su inagotable curiosidad lo llevó a explorar múltiples disciplinas: quiso ser saxofonista, productor de espectáculos y empresario; participó en campañas políticas como periodista e incursionó en la televisión y la publicidad.

Desde las historietas que realizó a los catorce años hasta la consolidación de un lenguaje gráfico inconfundible, este núcleo traza la evolución de un creador que, a través de personajes emblemáticos y dibujos incisivos, dio voz a las contradicciones y absurdos de la vida cotidiana mexicana.

El juego: entre arte y deporte

Abel Quezada, Retrato de John L. Sullivan (Boxeador), 1976. Proyectos Monclova.

Además de su célebre trayectoria como caricaturista, Quezada desarrolló una notable producción pictórica iniciada de manera autodidacta en 1965. Impulsado por la nostalgia, la admiración a sus ídolos y su profunda afición al juego, interpretó en óleo y acuarela disciplinas tan diversas como el béisbol, el boxeo, el tenis, el billar y la natación.

Libre de convenciones académicas, construyó un lenguaje pictórico propio: fresco, humorístico y lírico. Como en el deporte, sus composiciones equilibran estrategia y espontaneidad para transmitir el espíritu del juego.

Crítica y humor en la cancha

Abel Quezada. La fiesta del alarido (La muerte y cientos de aficiondos al futbol) Sin Publicar, ca.1986. Archivo Periódico Ovaciones. Familia Quezada Rueda

En 1954, Quezada fue enviado como reportero al Mundial de Suiza, experiencia que marcó su mirada sobre el fútbol para siempre. Sus cartones —publicados en Ovaciones, Excélsior y Novedades— funcionan como un espejo que filtra, con humor e ironía, las pasiones de la afición, el coro del “sí se puede” y las contradicciones del espectáculo deportivo.

Sus pinturas de fútbol, en contraste, capturan el dinamismo del juego en escenarios urbanos transformados por la imaginación. Juntos, cartones y óleos revelan una mirada que trasciende la cancha para interrogar la identidad, el poder y la cultura popular.

¿Quién fue Abel Quezada?

Autor no identificado. Duelo de dibujantes , Canal 2. Domingo 15 de febrero de 1953. Colección Familia Quezada Rueda

Abel Quezada Alarcón nació en Monterrey, Nuevo León, en 1920. Pasó su infancia entre distintas ciudades del país y desde muy joven mostró una afición irrefrenable por el dibujo. A los catorce años ya enviaba historietas a la Ciudad de México con la esperanza de verlas publicadas.

En 1936 llegó a la capital, donde desarrolló una carrera extraordinaria como caricaturista y periodista. Sus cartones animaron las páginas de Esto, Ovaciones, Novedades y Excélsior. Entre 1981 y 1987 ilustró portadas para The New Yorker, y en 1989 la revista Time lo reconoció como uno de los diez mejores dibujantes del mundo. Murió en Cuernavaca, Morelos, en 1991.